No se si decir hoy, que cierro este capítulo, que susodicho menester me haya recreado: esperaba sencillamente otra cosa -no en todo momento esta especie de descripción de la desdicha. Pues lo que hoy pueda decir del día, de mí, y de quienes me rodearon ha sido, sigue siendo y será, puras inconsistencias... habré de decir... pura poesía.
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No se si decir hoy, que cierro este capítulo, que susodicho menester me haya recreado: esperaba sencillamente otra cosa -no en todo momento esta especie de descripción de la desdicha. Pues lo que hoy pueda decir del día, de mí, y de quienes me rodearon ha sido, sigue siendo y será, puras inconsistencias... habré de decir... pura poesía.
Ciudad onírica
La ciudad duerme. 
Y su silencio es como el de una tenaz borrachera
de sus habitantes.
Como si éstos estuviesen soñando
Con un inmenso suicidio,
Con una inmunda pesadilla donde
Sumideros subterráneos embebidos de agua lluvia
sueñan que son recipiente
de potente vino negro…
Donde rascacielos de peso palpitante
sueñan que son los invitados a una fiesta donde los
adoquines y avisos publicitarios
sueñan que son
vagas fluorescencias alucinantes…
Donde los bruscos pasajes de las calles
sueñan que son péndulos
que miden la amplitud de la muerte…
...
Un potro gris es amar...
Un dromedario que campea en nuestro pecho como por un Sahara gris,
Sobre oasis de culpas (surcos de sangre como flojo cognac),
Sujetando las trompetas de la lucha.
Un potro cabalgado por el señor habitante infecundo de los amores obsesos es odiar, odiar, odiar…
Escultor de sus muecas rabiosas,
Las hermosas alegorías de sus ímpetus.
Estos galopes crepitantes
Empozados en el alma?
Serán los dos, más dos que nunca?
..
Filtro de Circe
En fiesta perpetua
Sus piernas andan con la maquinaria de los astros.
Sus cuerpos, impávidos ante la mirada inescrutable del cansancio, bailan como si fueran fuentes inagotables de energía visceral.
Esas sonrisas dementes en sus caras, esas expresiones como si cada minuto fuera el último y tuviera que aprovecharse a toda costa y sin tregua…
Esa piel básicamente acuática unida a la transpiración de la noche...
Es como si su existencia estuviera encantada, plena de seguridad absoluta, como si aun cuando entre bacilos y tóxicos se embadurnaran, gozaran siempre de inmunidad perfecta.
Por eso nada, ni los pálidos reflejos del crepúsculo, indicarán otra cosa sino que toda hora será temprana para acabar con esa cadencia deliciosa, frenética e inconcebible que seguramente extenderán ... hasta el estertor.
El Amante.
Quiero
Que entre las grietas de mis labios se agiten tus piernas.
(Encuentro atractivos tus muslos a medio masticar)
Quiero
Un jirón que acaricie tu sexo
(Encuentro en tu sexo las delicias que gustan al hombre simple).
Quiero
Un gemido posando en tu carne,
Un alfiler vibrante atravesando tus huesos,
Un surco prolífico en tu vientre de sombra
Un deseo disperso en tu alcoba.
(Quiero,
Con esta mayoría excitada de hombre que me constituye,
Ser tu amante voraz).
(Deseo)
...
Material de Mausoleo
Una masa descompuesta de jalea y piedra
Es hoy apenas reconocible en el lugar de tu piel
Querida,
Linda portavoz de aquella exótica raza de sombras ancestrales,
Como una triste Nefertiti
Hoy eres repentina sensación de obscuridad,
Una maravilla de la perfección mortuoria.
Esto eres hoy, querida:
Una facción curtida
En un bacanal borrascoso;
Que impiden atrapar la luz.
Mile End
Me tiro sobre el sleeping bag y pienso en ella, en sus labios uranianos perdidos.
Pienso en todo lo que ocurrió entre los dos, cerca de Mile End.
De repente, entregado a un sopor de aburrimiento, me quedo dormido, tratando de ahuyentar todas las imágenes asociadas a Mile End. No me gusta Mile End.
Pero en el sueño aparece ella, aunque ella misma parecía un sueño mientras la estaba mirando. La veo acercarse a mí, caminando por entre la nieve en declive.
En el sueño, me dice que deberíamos aprovechar la tregua de las nevadas para hacer el amor. Y yo digo que no, que no deberíamos. Vengo del trópico niña polar, le recuerdo.
Luego la veo correr, inexpresiva, por una calle laberíntica. Una calle muy parecida a una que conozco en Mile End. Una de las tantas donde no hay flores, donde no se pueden ver los aviones, donde no hay rubias.
Me digo, en el sueño, que debería entonces dejarla ir. Estoy loco por ella pero no tanto como para adentrarme allí.
Luego veo un tipo. Alguien que, me parece, jamás he visto antes en mi vida. Me ha preguntado por ella y le he dicho que está muerta. No es verdad, claro, pero algo había que decirle.
Le propongo al tipo que caminemos para calentarnos un poco. Me parece un tipo de confianza, de altas miras, como yo, tal vez haya sido yo mismo representado en el sueño, como saberlo.
Él propone entonces que deberíamos tomar la ruta hacia el centro y le digo que sí, que sí deberíamos. Mile End nada tiene que ver con la clásica arquitectura del centro: la zona de los teatros y los hostales del amor...
Un aleteo luminoso...
Un ángel cuyo pedazo de cielo tenía sede en un coral profundo, cerca al río Wisla.
Me enseñó que “kohanie” era sinónimo del deseo, la afirmación de la querencia; y que algo como “robie tö tylco dla ciebie” era algo como lo hago todo solo por ti.
Pero la suya fue una aparición, es decir, una manifestación que cobró cuerpo, un ahogo pasajero pero verosímil.
Al desaparecer -tan solo días después de encontrarlo en 12 Imperial House, un pequeño infierno al este- me dejó unas plumas de larga soledad mal acompañada clavadas como rasguños a la espalda.
Química contra el amor
Probé entonces otro camino. Y me dosifiqué con un poco de infalible química. Me hice con un producto conocido como DAE, un relajante cerebral poderoso que, dicen los dealeres que la suministran -como si supieran qué clase de normas rigen la exterminación de las huellas mnemónicas- es capaz de quemar las neuronas del recuerdo y capacitarte para el olvido como si alguien estuviera barriendo las hojas muertas de un jardín incendiado.
Estudio con guantes y pistola
Las presiones, arterial y atmosférica, ofrecían las condiciones para que el espurio instinto se sintiera llamado a salir del cuerpo y enloquecer.Sentía como si le hubieran reforzado la sangre con nitroglicerina, como si estuvieran haciendo de su cuerpo una pulsión furiosa que en cualquier momento haría chispas en esa atmósfera electrizante.Y empezó por pensar en lo que haría justo después de limpiar y deshacerse de los guantes de goma: buscaba la manera de asegurarse de que las huellas que pudieran encontrarse, no fueran a ser las suyas.
Un Augurio Dorado
Esto es absurdo, parece un chiste, pensé: cómo un ocho de corazones le contó a esta mujer lo más relevante de mi pasado inmediato! Cómo supo que estuve jodidamente enamorado, hasta que llegó un día en el que de repente, en un descuido conciente y necesario de mi parte (un viaje largo, importante e inaplazable) ella me abandonó, dejándome a la deriva de mi vida fútil, para embarcarse en una nueva aventura de amor, no cualquier aventura de amor, sino una aventura con un “amigo” a quien, pensé, podía confiarle su cuidado mientras yo estaba ausente! “Elegiste a la mujer equivocada chabal, y preciso con ella te entró el arrebato de jugar con la candela del amor; por eso saliste ardiendo con un fuego tenaz que sentiste te calcinaba hasta los sueños… pensaste que podrías llegar a morir por ese amor que para ti era demasiado grande… pero, mírate, no moriste de sufrimiento, ahora ¿tendrás la posibilidad de renacer, bien para no conocer más del amor ni del odio, o bien, para finalmente disfrutar de la vida como el juego sencillo que es?... ya veremos que dice el futuro”.
Antes, el presente. Siete de espadas. “Si aún queda dolor es normal, pues no hay dolor más grande que el que provoca una traición, y la traición es comprensible y combatible pues ni siquiera un duelo abate tanto!” Yo sentía que tenía superada en su mayor parte la prueba, pero eran patrañas mías para consolarme, aún necesitaba enfrentar el desengaño con mayor determinación y coraje, y las espadas eran un arma que habría de reutilizar para combatir esas sombras negras, “desde el interior”. La mujer hablaba de mis afecciones presentes como si pudiera ver en una radiografía mis emociones, mi sed de venganza, mis planes para destruir esa pareja de miserables. Pero entonces soltó un consejo que aún hoy me tiene pensando: “desciendo de un pueblo pacífico y tolerante, pero aún incluso los pueblos agresivos tienen ciertas normatividades para la guerra: en sus códigos de lucha dice que quien falte a la lealtad no será mas aliado sino enemigo, y con los enemigos hay que poner a prueba toda la inteligencia para la estrategia. E inteligencia, a ti, te sobra. Pero escucha, escucha bien: dice una ley vikinga que hay que ser bravo y agresivo, pero con rivales fuertes, ojala más fuertes que tú, y en este tu caso, te estarás enfrentado a rivales a los que conoces perfectamente! reconoces sus puntos débiles: qué fácil sería destruirlos!”. Tenía razón. Si quería luchar, dijo, debía esperar a que aparecieran rivales de mi misma “altura mental”, así dijo: para qué luchar contra un rival que ni siquiera tendría la valentía de poner la cara en el campo de batalla!!.
Aún quedaba una carta más, la que pregonaba el incierto fututo. Apareció entonces un As de Oros. No todos los días te sale un as de oros! Era suficiente con saber que esto significaba que había que elegir: o ser invadido por el odio y ensuciarse las manos de discordia, o dejar ser el desengaño un elemento más para sorprenderse de lo contradictoria que es la vida, de sus contrastes infernales, de su increíble forma de transformarse y trastornarse. Si, en medio del delirio, no hubiera visto una luz en el significado de esta carta, en lo importante de esta regla de honor, no estaría escribiendo esto: habría muerto, de pena, me habría ahorcado o tirado al Támesis con una soga amarrada al cuello. Habría podido terminar encarcelado, de haber estado en presencia de la escena del crimen. Me habría poseído el Mr. Hyde que hay en todos y que nos hace ruines. No sé que más habría podido pasar. Habría sido el acabose de haberme tomado las cosas muy en serio, de haber asumido la traición como si no fuera parte de un juego cuyas reglas dependen de ti y solamente de tí establecerlas o quebrarlas. Habría, sin exagerar, muerto. Pero elegí, creo que a tiempo. Y terminé recordando el suceso con nostalgia, pero también con cierto sentido del humor. Me tragué el orgullo, sofoqué el rencor. Terminé aceptando que esas cosas en la vida tienen que pasar, si quieres crecer un poco más…
Era hora de partir. Al salir, le pregunté que cómo se había dado cuenta de mi estado cuando pasé la primera vez en frente de ella. Me dijo que ella no había dicho absolutamente nada, que ni siquiera me había pasar. Le creí. Para mi sorpresa mi hermano, afuera, estaba tranquilo, fumándose un cigarrillo, tomándose fotos a sí mismo, vanidoso él. Cuando me vio me preguntó que qué me había dicho la bruja, que porqué me había demorado tanto. Le dije que en el camino le contaba, que nos fuéramos corriendo porque el tren nos iba a dejar. Obviamente no nos dejó. Y cuando llegamos a nuestro destino, también para mi sorpresa había una comitiva entre amigos y desconocidos esperándonos, como si fuésemos estrellas de cine o quien sabe qué cosa. Hacía tanto tiempo que un halo de alegría no me carbonizaba la sangre! El año no había podido empezar mejor, y hasta hoy, lo he vivido con la tranquilidad de saber que tengo un as de oros bajo manga, iluminando con su luz dorada mis decisiones presentes. No lo olvides, dijo la gitana: no te tomes la vida tan en serio, ni siquiera en la muerte, te la tomes tan en serio; saberlo es mas que una especie de consejo, es una regla de vida alegre, tan sencilla, pero a veces tan difícil de aplicar cuando las penas nos taladran el pecho y nos acuchillan el estómago, cuando el sentido trágico de la vida toca a la puerta y toca salir a enfrentarlo con el poco o mucho arsenal de carácter con que se cuente... No lo olvides: la vida es juego.
Los Títulos del Adiós.
Quién hubiera podido imaginarlo: esa sensación temida de abandono definitivo que parecía invadirlos hasta romperles lo más íntimo de los tejidos viscerales, esa angustia mordaz de tener que empezar a amar un cuerpo sin presencia que parecía desplomarlos… no eran otra cosa que un hipócrita simulacro. Él estaba feliz porque se iba. Ella estaba feliz porque por fin era libre para ser la zorra que siempre había sido: las lágrimas eran en realidad un vaivén pendular entre la nostalgia más amarga y la alegría desmedida. Ja. Hubieran podido nominarlos a un premio mediocre de actuación para telenovela, de haber sido rodada esta tierna escena:
Parqueadero del Heathrow Airport a las 3:30, los dos actores amateur, casi en sus treinta, en un Volswagen rojo:
- “I will be back. I am not going to leave u”- dice el hombre, quien partía, levantándole el amplio rostro embebido de las lágrimas mezquinas y la besa trémulamente, repasando la mano por sus senos, con cierta delicada rudeza, como si no quisiera olvidar pronto esa forma con que encajaban perfectamente en sus manos. El hombre tenía que viajar, no interesa saber aquí porqué. Entonces, se bajó del automóvil, con maletas en mano, volvió la mirada y la besó de nuevo mientras parecía pensar -con la conciencia obnubilada!- que nunca más iba a querer besar otros labios diferentes a los suyos. - “I`ll be waiting for you!”- concluyó al fin ella, pero sin mirarlo a los ojos, con esa timidez supuesta que había hecho de su personalidad simplona otro elemento de atracción inexorable para él...
Fue así, en medio de sus propias mentiras que se prometieron, recostándola él contra su pecho, que se reencontrarían pronto. El amor, creían, ingenuos, llamaría al reencuentro. Ah el amor! cual animal atribulado!.
Pero el amor, si lo hubo, se ajó. Y sabemos quienes hemos sido amantes que el amor, así como crece hasta desbordarnos, también tiene su ciclo de envejecimiento y muerte -a veces, de resurección. Y ahora, fuera de que el amor se había agotado dando paso a la mala costumbre, tenían que despedirse... Otorgaban así a los títulos del “adiós definitivo” los derechos que le corresponden.
....
Olor a Primera Vista

Debió de haber un cierto olor a deliciosa feromona en el ambiente, ese olor inconfundible a veces dulce, a veces amargo, que atrae a los hombres como a los simios superiores una hembra encelada, pues, al cabo de conocerla, ya la estaba yo rondándola inquieto, venteando el aire con las narices dilatadas, cercando y acosando ese denso aroma como destilado por un ardiente clítoris.
La ciudad, a pesar del frío invernal que comenzaba, empezó a parecérseme a una selva en primavera. Y para colmo, ella tenía nombre de simia: se llamaba Lara. Pero Lara tenía un culo precioso y respingón, unas caderas peligrosamente simétricas, un par de piernas retorcidas, largas e intensas, unos labios sonrosadamente pálidos, sin sangre, como de muñeca. Un cuerpo como para torturarse la cabeza haciendo desaforados recuentos anatómicos, evocando las posibles delicias domésticas que vendrían solamente de dejarse llevar por el instinto y responder al secreto estímulo escondido en ese aroma segregado por su coño loco.
Así que un día más temprano que tarde la invite a bailar y a tomarnos nuestros buenos vinitos. Recuerdo que mientras ella se tornaba cada vez más y más deprimentemente borracha, más bailaba y más sensualmente se movía, más ese humor que la hacía parecer una mala niña, una napolitana de orgasmos soñolientos, se intensificaba. Sus ojos bovinos y enrojecidos me impresionaron, pues había en ellos un requerimiento falaz, un brillo decididamente erótico y sensual. Mas temprano que tarde su lengua diabólica se insertó en mi boca, traspasándome su voz de leche caliente, introduciéndome sus flujos en las venas como bálsamo reconfortante pero venenoso…
Lara desde el principio me dio la impresión de estar destinada a ser la mujer perfecta para que yo pudiera percibir de nuevo el fulgor penetrante de la desnudez, necesitado como estaba de olvidar por fin ese otro cuerpo que amaba miopemente y que hasta esa noche pasaba por mi mente hiriéndola con un halo frío de cuchillos.
......
Parabola en Tres Semanas
1~ Semana
Un sol poderoso acariciaba con su lengua de mariposa un jardín, la mayoria constituido de verde.
Era, por supuesto, la primavera.
2~ Semana
El sol comenzaba a apartarse, pero sus rayos aún brillaban con la intensidad de un mediodía alegre. Los contornos del verde se tornaban en filos naranjas.
Era Otoño.
3~ Semana
El sol ya rodaba a la deriva del planeta.
Enseñanza?:
Hay cosas que pueden empezar a vivir, aún cuando se ha ido lo esencial para vivir.
A la búsqueda de una compañera de miserias III
A la búsqueda de una compañera de miserias II
A la búsqueda de una compañera de miserias...
En dirección del Verano
Somos cuatro hombres que conocemos la dirección del verano y partiremos tras su rastro más allá de las montañas que parecen barrancos al pie de las torres que parecen montañas, allí donde los ríos son cadáveres cálidos y exquisitos en el mar, donde los peces parecen rocas flotando entre caudales dulces, allí donde todo es profundidad y brillo.
Somos cuatro hombres, y partiremos en un vehículo rojo tras el matutino de la estación seca para exponernos a su luz, como si fuésemos pedazos de cedro listo para dorar.
Tal vez volvamos traídos por la fuerza de un viento huracanado. Tal vez las lluvias indiquen nuestro próximo regreso.
(Ocaso de Verano, Pablo Amaringo)
Extravío
Algún día escribiré... el poema ideal
un poema que omita el nombre de las flores,
Algún día alguien escribirá un poema sin pájaros ni fuentes,
Algún día alguien escribirá un poema, el canto de mi dicha"
(Darío Jaramillo, cuarto poema de sus Poemas de Amor).





